Trabajar con aparejos existentes exige extracción selectiva, clasificación por tamaño, labra moderada y rejuntado con cal aérea o hidráulica natural. Las juntas deben permitir evacuación de humedad y lectura de ciclos de vida, prolongando la estabilidad sin sellados rígidos que fracturan y oscurecen el conjunto.
La cal aporta elasticidad, compatibilidad química y transpirabilidad frente a cementos agresivos. Formular morteros con áridos locales, adiciones pucolánicas y curado cuidadoso mejora adherencia y resistencia, evitando sales y fisuras. Talleres con artesanos transmiten saberes y fortalecen economías locales vinculadas al mantenimiento continuo y responsable.
Cuando es imprescindible, se adoptan cosidos de fibra, barras de acero inoxidable, bulones o losas colaborantes, siempre invisibles o diferenciables y calculados para trabajar con la fábrica, no contra ella. Ensayos previos y monitorización posterior garantizan seguridad sin sacrificar la autenticidad percibida por quienes cruzan.